Conferencia de prensa sobre el Informe de Política Monetaria (IPOM) | Segundo trimestre de 2026

jueves, 6 de agosto de 2026

La conferencia estuvo a cargo del presidente del BCRA, Santiago Bausili, acompañado por el vicepresidente, Vladimir Werning.
El presidente del BCRA, Santiago Bausili, y el vicepresidente, Vladimir Werning, durante la conferencia de prensa sobre el Informe de Política Monetaria del segundo trimestre de 2026.

Durante la exposición se presentaron los principales resultados y lineamientos del Informe de Política Monetaria (IPOM) correspondiente al segundo trimestre de 2026. 

La actividad se realizó en la Sala Dr. Ernesto Bosch del Banco Central. A continuación se encuentra disponible el video completo de la conferencia, la presentación y las palabras iniciales del presidente del BCRA.

 

Descargar Informe de Política Monetaria, segundo trimestre de 2026 (PDF)

Descargar presentación de la conferencia de prensa (PDF)

 

 

Palabras iniciales del presidente

Buenas tardes. Vamos a presentar el Informe de Política Monetaria correspondiente al segundo trimestre de 2026. Comienzo por hacer un recorrido por los principales temas que aborda el informe, Vladimir me va a complementar comentando los apartados temáticos que incluimos en esta edición, para luego pasar a sus preguntas.

I. Contexto internacional

El conflicto en Medio Oriente continuó siendo el factor más importante en materia de inflación internacional y volatilidad de los mercados financieros globales. El impulso inflacionario inicial derivado del aumento del precio del petróleo mermó durante el segundo trimestre, cuando el conflicto parecía tender hacia una resolución más rápida de la prevista. Aun así, las proyecciones de inflación global del FMI fueron revisadas al alza: de 4,1% en 2025 a 4,7% para 2026, frente a un escenario previo al conflicto que anticipaba 3,8%.

Tras alcanzar un pico de USD 118 por barril en los momentos más álgidos del conflicto, el precio del petróleo Brent retrocedió hasta promediar USD 84 en junio y julio, con los contratos de futuros para fines de 2026 en torno a USD 82. La reversión también se verificó en los granos, aunque con brechas aún positivas respecto a los promedios de 2025, con una reacción alcista en julio ante el recrudecimiento del conflicto. El BCRA computa un Índice de Precios de las Materias Primas, que en abril había superado en 24% el promedio del año pasado, y para junio moderó su alza al 17%. Los precios en el mercado de futuros lo ubican un 17% por encima de 2025 en promedio para este año completo.

Pese al retroceso del precio del crudo, el contexto de tasas de interés en dólares mantuvo una tendencia alcista, con los rendimientos de los bonos del Tesoro estadounidense a 10 años aproximándose al 4,7%, y los mercados de futuros descontando un aumento adicional de 25 puntos básicos en la tasa de referencia de la Reserva Federal para este año. Esta dinámica refleja que el shock de oferta energético coexiste con un impulso de demanda vinculado al ciclo tecnológico global —en particular la inversión en inteligencia artificial—, que sostiene la actividad y reduce el margen de acomodación.

El principal riesgo a futuro sigue siendo la prolongación del conflicto en Medio Oriente. A ello se suman otras amenazas latentes como: la implementación de nuevas barreras comerciales, el surgimiento de conflictos en otras regiones, el riesgo de correcciones abruptas en los mercados de inteligencia artificial, y el aumento de vulnerabilidades fiscales y de deuda pública a nivel global que arrastran una dinámica preocupante.

 

II. Contexto macroeconómico local

Frente a ese contexto externo adverso, la Argentina mostró nuevamente un comportamiento diferencial al del pasado. El régimen de flotación cambiaria funcionó como amortiguador, facilitando el ajuste de precios relativos sin disrupciones en los mercados financieros domésticos. El tipo de cambio real multilateral se mantuvo relativamente estable, el riesgo país alcanzó el nivel más bajo desde fines de 2017, y las agencias Fitch, Standard & Poor’s y Moody’s mejoraron la calificación crediticia soberana a B- y B3 (el equivalente para Moody’s).

Como comentamos en la presentación del último IPOM, esta respuesta de estabilidad financiera doméstica es evidencia de los fundamentos macroeconómicos sólidos construidos en los últimos dos años.

Actividad económica

La actividad económica alcanzó en el primer trimestre de 2026 el máximo nivel histórico, con un crecimiento de 0,7% trimestral desestacionalizado y 2,3% interanual, acumulando un incremento de 8,6% respecto al primer trimestre de 2024. La mejora trimestral se verificó tanto en el agro —impulsado por las cosechas récord de trigo y maíz— como en el promedio del resto de los sectores, con recuperación de la industria y la construcción. El motor desde el lado de la demanda fue el consumo privado.

Este proceso de crecimiento se diferencia de otras fases expansivas en dos aspectos que lo vuelven más sostenible: (1) está liderado por las exportaciones y (2) se da en el marco de un régimen de equilibrio fiscal y monetario. Los períodos previos de crecimiento transitorio se basaron en políticas insostenibles de estímulo al consumo mediante impulso fiscal con financiamiento monetario. En contraste, esta expansión genera desde el inicio una significativa mejora de las exportaciones, sin desequilibrios fiscales ni externos, traccionando el incremento de los ingresos que finalmente se traduce en mayor consumo privado.

En el segundo trimestre, el PBI se vio afectado por la esperada normalización de la actividad agropecuaria tras las cosechas récord y por la adversidad del contexto internacional. (Así como la cosecha récord de trigo y maíz impulsó la medición del PBI hacia arriba en el primer trimestre, volver al nivel normal de actividad nos hace perder terreno estadísticamente respecto a ese nivel récord, por eso corrige el nivel de actividad en el segundo trimestre). Entre los sectores más dinámicos continuaron destacándose la energía (por petróleo y gas), el agro y la intermediación financiera. La construcción interrumpió en abril-mayo la tendencia negativa que venía mostrando. Industria y comercio registraron caídas interanuales.

 

Empleo y pobreza

En el primer trimestre de 2026 la tasa de desempleo se redujo levemente en términos interanuales, manteniéndose en niveles históricamente bajos. El crecimiento del empleo total fue de 1,7% interanual, concentrado en el empleo no asalariado y el asalariado informal, mientras que el empleo asalariado formal privado registró una contracción de 4,1% interanual. La Ley de Modernización Laboral promulgada en marzo apunta a revertir la tendencia de más de una década de pérdida de participación del empleo formal.

En materia de pobreza, los datos del primer trimestre de 2026 muestran una tasa de 30,0% —una caída de 1,5 puntos porcentuales interanuales— y de indigencia de 6,5% —0,5 puntos menos—, acumulando caídas de 24,8 y 13,7 puntos porcentuales respectivamente desde los máximos del primer trimestre de 2024. El vínculo entre estabilidad monetaria y bienestar social sigue siendo uno de los resultados más concretos del programa.

Hacia adelante, esperamos la continuidad del crecimiento, impulsado por las actividades primarias cuyos encadenamientos productivos comenzarán a traccionar sobre el resto de los sectores y sobre el empleo formal. La experiencia de Vaca Muerta en Neuquén ilustra que la mayor parte del empleo derivado de los sectores primarios no se genera en empresas del propio sector, sino en el resto de la economía, a través de la construcción, los insumos intermedios y el consumo de los nuevos trabajadores.

 

Inversión

Desde comienzos de 2026 la inversión fue moderando su ritmo de caída, con estabilización del equipo durable de producción nacional y cierta recuperación de la construcción. Los indicadores adelantados del segundo trimestre confirman que la caída de la inversión continúa atenuándose.

Las condiciones macroeconómicas y las políticas orientadas a estimular la iniciativa privada sostienen una perspectiva favorable. Las iniciativas más destacables incluyen la Ley de Modernización Laboral —que incluye el Régimen de Incentivos para Medianas Inversiones—, el RIGI con 23 proyectos aprobados con inversiones por 50 mil millones de dólares acelerándose, el Súper RIGI, y las privatizaciones y concesiones viales. Las iniciativas relacionadas con el mercado de capitales apuntan a incentivar la canalización del ahorro de los argentinos a inversiones en el país. El REM proyecta un crecimiento del PIB de 2,7% para 2026, acelerándose hasta 3,0% en 2027 y 2028, en línea con las estimaciones del FMI y el Banco Mundial.

Sector externo y reservas

En el segundo trimestre de 2026, el superávit comercial de bienes alcanzó el nivel más alto de los últimos 30 años, impulsado por exportaciones en récord histórico y por la estabilización de las importaciones. El alza de precios internacionales de las materias primas —especialmente petróleo— se sumó a la tendencia de crecimiento de las cantidades exportadas. En paralelo, continuó el proceso de apertura comercial mediante reducción de aranceles, eliminación de impuestos internos y la puesta en vigor provisional del Acuerdo MERCOSUR-Unión Europea.
Los analistas del REM han corregido sucesivamente al alza sus expectativas de superávit comercial para 2026, ubicándolas ahora en USD 23.400 millones, con valores exportados esperados creciendo 15% interanual.

 

Cuentas públicas y finanzas del Tesoro

El superávit de las cuentas públicas continúa siendo el ancla del programa económico. En el segundo trimestre de 2026, el Sector Público Nacional no Financiero registró un superávit primario base caja equivalente al 0,9% del PIB desestacionalizado y anualizado. Este nivel de superávit no es comparable directamente con el del mismo período de 2025 porque se decidió retrasar el pago de impuesto a las ganancias para julio, por lo que esa fuente de ingresos no fue capturada por esta medición. Para 2026 se espera que el Sector Público Nacional alcance un resultado primario superavitario por tercer año consecutivo, consistente con las previsiones del Presupuesto Nacional de 1,5% del PIB. En el mercado de capitales, el Tesoro continuó extendiendo los plazos de colocación de deuda en pesos y reduciendo su costo de financiamiento durante el segundo trimestre.

 

III. Precios

En materia de inflación, el segundo trimestre mostró la evolución que habíamos anticipado. La tasa de inflación mensual se redujo significativamente: el IPC promedió 2,2% mensual en el trimestre, 0,8 puntos porcentuales menos que en el primero, registrando en junio una inflación de 1,9%, marcadamente por debajo del 3,4% de marzo. La desaceleración refleja principalmente la reversión de los factores transitorios que habían impulsado la inflación en los primeros meses del año.

Esos factores los habíamos identificado en el IPOM anterior como: la estacionalidad desfavorable de carnes, educación e indumentaria; las actualizaciones de tarifas de electricidad y gas; y el shock sobre los precios de los combustibles derivado del conflicto en Medio Oriente. Tal como esperábamos, todos ellos fueron moderando su presión alcista durante el segundo trimestre.

Lo más importante, sin embargo, es lo que muestran los indicadores de inflación subyacente. El IPC-Subyacente que calcula el BCRA promedió un incremento mensual de 2,1% en el trimestre y llegó a 1,6% en junio —un registro comparable con valores observados en 2017—. Esta evolución confirma que la reducción de la inflación no se debe sólo a factores transitorios, sino que responde a un proceso difundido, atribuible a los determinantes profundos del régimen macroeconómico.

El ancla “fiscal y monetaria” no convalidó efectos de segunda ronda: el traslado de los shocks de precios relativos no se propagó al resto de la economía.

Resulta particularmente relevante destacar la baja correlación de la inflación subyacente en bienes con las oscilaciones del tipo de cambio nominal. Esto es propio de los regímenes cambiarios más flexibles y es fundamental para aumentar la capacidad de la economía de absorber shocks externos sin que ello se traduzca en inflación.

Para el tercer trimestre se prevé una mejora adicional. Las condiciones son favorables: continuará la estacionalidad favorable en carnes; se espera moderación o caída en el precio de las verduras luego de los aumentos de mayo y junio; se proyecta estabilidad en el precio de las naftas; y la menor inercia inflacionaria implica una desaceleración progresiva de los ítems indexados como alquileres, medicina prepaga y transporte público.

Las expectativas del mercado acompañan este diagnóstico. Según el último REM, los analistas proyectan que la inflación se mantendrá por debajo del 2% mensual en los próximos meses y finalizará 2026 en 30% interanual. Para 2027 y 2028 esperan 20% y 14,2% respectivamente, lo que refleja confianza en la política económica. Los instrumentos de mercado —que permiten calcular un nivel de inflación break-even— incluso apuntan a valores algo menores que los del REM para el año que viene.

 

IV. Política Monetaria

El BCRA mantuvo sin cambios la orientación de la política monetaria durante el segundo trimestre. El objetivo de la política monetaria es la convergencia de la inflación en la Argentina al nivel de inflación internacional.

La prudencia de la política monetaria, instrumentada mediante el control de la cantidad de dinero, permitió absorber el shock del conflicto en Medio Oriente sin modificar el sesgo. Este resultado consolida la estabilidad macroeconómica y fortalece la credibilidad del régimen.

Desde el comienzo del año y hasta el 31 de julio, el BCRA adquirió USD 13.337 millones en el mercado de cambios, superando el nivel de referencia de USD 10.000 millones incluido en el programa del Fondo Monetario como meta para el año completo. Este resultado no es casual: refleja la reversión de la dolarización de portafolios previa a las elecciones de 2025, mayor libertad cambiaria para las empresas, y el hecho de que los depositantes están ahorrando dentro del sistema financiero local aproximadamente el 80% de los dólares comprados para atesoramiento. Ese ahorro alimenta la intermediación financiera, el crédito bancario en dólares y el financiamiento a través del mercado de capitales.

Cabe notar que las compras del BCRA continuaron a buen ritmo en junio y julio, meses en los cuales se manifestó un aumento de las importaciones estacionalmente vinculadas a la energía, mientras que la distribución de dividendos autorizada por primera vez en 6 años acumuló más de USD 3.300 millones en el año.

La expansión de liquidez resultante de esas compras fue administrada activamente, y esta administración se vuelve una prioridad hacia adelante, al haber sobrepasado los USD10.000 millones en compras. El resultado fue un contexto de estabilidad en las tasas de interés, con una volatilidad marcadamente reducida respecto a períodos anteriores.

Un elemento destacado del trimestre es la dinámica de la demanda de dinero. Luego de un período de relativa estabilidad, los agregados monetarios transaccionales comenzaron a mostrar mayor dinamismo a partir de mayo, cuando se consolidó la tendencia declinante de las expectativas de inflación mensual. En julio, el M2 privado transaccional representó 5,6% del PIB, en línea con los escenarios de nuestros modelos presentados en el IPOM de marzo. Esta recuperación de la demanda de dinero es una señal positiva: es la contrapartida natural del proceso de desinflación en curso.

En cuanto al balance del BCRA, continuamos avanzando en su saneamiento. Tras la distribución de utilidades del ejercicio 2025, el Tesoro utilizó los fondos junto con el desembolso del FMI por USD 1.040 millones para recomprar Letras Intransferibles en cartera del BCRA por un total de USD 22.284 millones de valor nominal. En conjunto, los factores de mejora de la posición en moneda extranjera —incluyendo el nivel de reservas líquidas adicionales, la reducción de activos ilíquidos, la recuperación de herramientas como futuros y swaps— representan una mejora de más de USD 18.000 millones en lo que va del año.

El crédito al sector privado acompaña el ciclo. En junio, el crédito total en pesos y en dólares alcanzó 12,3% del PIB, incrementándose 0,4 puntos respecto de diciembre de 2025, impulsado principalmente por el crédito en moneda extranjera a empresas. Esperamos que el crédito en pesos se acople gradualmente al dinamismo del crédito en dólares a medida que el proceso de desinflación avance y la demanda de dinero se consolide.

Finalmente, quiero mencionar que el proyecto de reforma de la Carta Orgánica del Banco Central enviado al Congreso representa un paso institucional de primera magnitud. Al prohibir el financiamiento al Tesoro a través de adelantos transitorios y restringir la distribución de utilidades, el nuevo marco reforzará el control de los agregados monetarios, fortalecerá la autonomía del BCRA y contribuirá a consolidar el descenso de las expectativas de inflación y la convergencia de la inflación doméstica a los niveles internacionales.

Como mencioné la última vez, un balance del BCRA saneado respalda sus pasivos con solidez y credibilidad. El principal pasivo del BCRA es nuestra moneda, el peso. Cuanto más valga el peso, menor será la inflación.

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